Durante mucho tiempo hemos contado una historia demasiado sencilla sobre el tatuaje:
marineros, delincuentes, marginalidad… y después, muchos años más tarde, aceptación social.
La realidad fue bastante más interesante.
Porque mientras el tatuaje generaba rechazo en una parte de la sociedad europea, también había príncipes y futuros reyes tatuándose.
Un príncipe británico y un dragón japonés
En 1869, el príncipe Alfred, hijo de la reina Victoria y duque de Edimburgo, visitó Japón.
Durante el viaje recibió a un tatuador en su alojamiento de Tokio.
Salió de allí con un dragón tatuado en el brazo derecho.
Fue el primer miembro de la familia real británica documentado tatuándose en Japón.
El futuro rey Jorge V también estaba tatuado
En 1881 llegaron a Japón dos jóvenes príncipes británicos: Albert Victor y su hermano George.
George acabaría convirtiéndose años después en el rey Jorge V.
Los dos se tatuaron.
Albert Victor recibió una grulla danzante y George, entre otros trabajos realizados durante el viaje, terminó llevando un dragón y un tigre.
Y no es una leyenda moderna.
El propio George escribió sobre la experiencia en su diario.
¿Por qué Japón?
En el siglo XIX el tatuaje japonés había alcanzado un enorme nivel artístico.
Sus grandes composiciones, animales, figuras mitológicas y técnicas llamaron poderosamente la atención de algunos viajeros occidentales.
Marineros, visitantes extranjeros y también miembros de familias reales quisieron llevarse algo bastante más permanente que un recuerdo comprado.
Paradójicamente, mientras algunos extranjeros buscaban tatuadores japoneses, el propio gobierno Meiji estaba restringiendo el tatuaje dentro de Japón.
El tatuaje nunca perteneció a un único tipo de persona
Esta historia rompe una idea que todavía repetimos demasiado.
El tatuaje no recorrió una línea sencilla desde “los marginales” hasta “el resto de la sociedad”.
Su historia está llena de contradicciones.
Ha sido ritual, identidad, recuerdo, castigo, decoración, pertenencia, rebeldía y arte dependiendo del lugar y del momento.
Y sí:
también hubo futuros reyes escondiendo dragones debajo de sus mangas.

