No había Instagram. No había portfolios en el móvil. Y encontrar el trabajo de un tatuador de otra ciudad podía significar revistas, viajes, llamadas y mucho boca a boca.
En aquella España se celebró en Barcelona la que se considera la primera convención nacional de tatuaje del país.
Juntar tatuadores no era tan fácil
Hoy estamos acostumbrados a convenciones con cientos de artistas.
Entonces la situación era completamente diferente.
El tatuaje profesional español todavía era pequeño y estaba muy disperso. Mik Garreta, organizador de aquella convención, recordaría años después que incluso resultaba difícil encontrar suficientes profesionales con nivel dentro de España.
Precisamente por eso reunirlos tenía tanto valor.
Durante unos días, el sector dejó de estar separado
Una convención permitía algo que ahora hacemos desde el teléfono:
ver qué estaban haciendo otros tatuadores.
Conocer técnicas.
Descubrir estilos.
Encontrar material.
Hablar con profesionales de otras ciudades y países.
Y, sobre todo, comprobar que fuera de tu estudio estaba creciendo algo mucho más grande.
España estaba a punto de cambiar
Los años siguientes fueron enormes para el tatuaje español.
Aumentaron los estudios, creció la demanda, llegaron nuevos profesionales y los artistas comenzaron a especializarse cada vez más.
Como referencia del cambio: en 1996 se estimaba que había alrededor de un centenar de locales de tatuaje y piercing en España. En 2008 se hablaba ya de unos 1.500.
En poco más de una década, el paisaje había cambiado por completo.
Antes de internet, había que encontrarse
Hoy podemos seguir a un tatuador de cualquier país mientras desayunamos.
En 1996 había que viajar para verlo trabajar.
Por eso aquellas convenciones no fueron únicamente eventos.
Fueron lugares donde un sector todavía pequeño pudo verse a sí mismo, conocerse y empezar a crecer conectado.
Y quizá por eso Barcelona 1996 importa tanto.
No solo porque allí se celebrara una convención.
Sino porque representa perfectamente el momento en el que el tatuaje español empezaba a dejar de ser un conjunto de profesionales dispersos para convertirse en un sector.

