Un estudio puede estar lleno de gente y, aun así, hacerte sentir bastante solo.
Clientes entrando, compañeros trabajando, mensajes, proveedores, citas…
Pero cuando llega el momento de tomar determinadas decisiones, muchas veces estás tú solo.
Nadie te enseñó a llevar un estudio
La mayoría llegamos al tatuaje porque queríamos tatuar.
Después aparecen las cuentas, los clientes, los problemas del equipo, Hacienda, los meses malos, las decisiones difíciles y la responsabilidad de mantener un negocio funcionando.
Y gran parte de eso lo aprendemos sobre la marcha.
Lo difícil no siempre es encontrar una solución
A veces lo complicado es simplemente no saber si lo que te está pasando también le ocurre a los demás.
¿Estoy cobrando poco?
¿Es normal tener este mes tan flojo?
¿Estoy gestionando mal?
¿Debería contratar a alguien?
¿Los demás también tienen estos problemas?
Desde fuera puede parecer que todo el mundo tiene las cosas bastante claras.
Normalmente no es así.
Las redes tampoco enseñan esa parte
Vemos trabajos increíbles, convenciones, viajes, agendas completas y estudios llenos.
Vemos mucho el resultado.
Mucho menos las dudas que hay detrás.
Y cuando únicamente comparamos nuestros problemas con los éxitos que otros enseñan, es fácil pensar que somos los únicos a los que algo no les está funcionando.
Quizá hablamos demasiado poco entre nosotros
Puede haber diez estudios en el mismo barrio y que ninguno sepa qué problemas están teniendo los demás.
Todos aprendiendo.
Todos equivocándonos.
Todos encontrando soluciones.
Y muchas veces, todos haciéndolo por separado.
No deberíamos tener que aprenderlo todo solos
Ser independiente no debería significar estar aislado.
Compartir una experiencia, preguntar, reconocer que algo no sabes o contar que algo te está costando no te hace menos profesional.
Probablemente te hace bastante más real.

