Abre otro estudio de tatuajes a dos calles del tuyo.
Y la primera reacción puede ser bastante sencilla:
Pero quizá estamos mirando solamente una parte del problema.
Sí, somos competencia
No hace falta fingir que no.
Dos estudios cercanos pueden competir por clientes, profesionales, visibilidad o determinados trabajos.
Eso forma parte de cualquier sector.
Pero ser competencia no significa necesariamente ser enemigos.
También compartimos los mismos problemas
Si trabajamos en el mismo barrio, probablemente nos afectan muchas de las mismas cosas:
- Obras.
- Cortes de tráfico.
- Problemas de seguridad.
- Inspecciones.
- Cambios de normativa.
- Proveedores.
- Servicios técnicos.
- Eventos de la zona.
- Problemas con suministros.
Puede que trabajemos a cien metros y llevemos diez años resolviendo exactamente los mismos problemas sin habernos hablado nunca.
No todos buscamos al mismo cliente
Tampoco todos los estudios hacen lo mismo.
Uno puede destacar en realismo, otro en tradicional, otro en fine line y otro en piercing.
Incluso puede ocurrir algo bastante sencillo: que el cliente que no encaja contigo encaje perfectamente con el estudio de al lado.
Recomendar a un buen profesional no significa necesariamente perder un cliente.
También puede significar ayudarle a encontrar lo que realmente necesita.
Compartir información no significa regalar tu negocio
Puedes competir y, al mismo tiempo, avisar al estudio de al lado de que llevan dos días robando por la zona.
Puedes recomendarle un buen electricista.
Puedes avisarle de una incidencia.
Puedes compartir una experiencia que probablemente le evitará cometer un error que tú ya cometiste.
Nada de eso hace que tu trabajo valga menos.
Quizá necesitamos entender mejor la palabra competencia
El tatuaje ha crecido durante muchos años desde pequeños estudios y profesionales muy independientes.
Eso nos ha enseñado a resolver muchísimas cosas solos.
Pero también puede habernos acostumbrado demasiado a hacerlo.
Una cosa no elimina necesariamente la otra.
Quizá construir una comunidad empieza precisamente ahí: entendiendo que podemos competir por hacer mejor nuestro trabajo sin dejar de ayudarnos a mejorar el sector.

