Hablar de intrusismo en el tatuaje es incómodo.
Pero existe una diferencia importante entre alguien que está empezando a aprender y alguien que ofrece servicios profesionales sin asumir las mismas obligaciones que quienes trabajan dentro de una estructura profesional.
Y esa diferencia termina afectándonos a todos.
No es una cuestión de talento
Puedes tatuar increíblemente bien y seguir haciendo las cosas mal profesionalmente.
El problema no es quién dibuja mejor.
El problema aparece cuando alguien cobra por realizar una actividad profesional evitando requisitos, obligaciones o costes que otros sí están asumiendo.
Competir así no es competir en igualdad
Mantener una actividad profesional cuesta dinero.
Un estudio puede tener que asumir gastos relacionados con:
- Local.
- Suministros.
- Material.
- Higiene.
- Gestión de residuos.
- Seguros.
- Impuestos.
- Gestoría.
- Equipamiento.
- Cumplimiento de los requisitos que correspondan.
Quien evita parte de esa estructura puede ofrecer precios con los que un profesional que sí la mantiene difícilmente puede competir.
El precio no es el único problema
Cuando algo sale mal, la cuestión deja de ser económica.
El cliente necesita saber quién le ha prestado el servicio, dónde se ha realizado y quién responde ante un problema.
Profesionalizar el sector significa también asumir responsabilidad por nuestro trabajo.
Tampoco debemos convertirlo en una caza de brujas
Combatir el intrusismo no significa señalar públicamente a cualquiera que trabaje diferente a nosotros.
Ni utilizar rumores, redes sociales o acusaciones sin fundamento.
Si queremos un sector más profesional, también necesitamos actuar profesionalmente cuando detectamos un problema.
Un sector fuerte necesita reglas para todos
El tatuaje ha crecido enormemente y con ese crecimiento llega también una responsabilidad.
Podemos tener estilos diferentes, precios diferentes y formas completamente distintas de trabajar.
Eso es competencia.
Otra cosa es competir sin asumir las mismas obligaciones básicas.

