Un estudio puede estar lleno de clientes y, aun así, tener un problema de negocio.
La pregunta es sencilla:
No es lo mismo.
¿Qué es un cliente propio?
Es el cliente que llega acompañado del profesional.
Le conoce, le sigue, quiere tatuarse específicamente con él y probablemente continuaría haciéndolo aunque ese tatuador cambiara de estudio.
Ese cliente forma parte del valor que aporta el profesional.
¿Qué es un cliente del estudio?
Es el cliente generado por el propio negocio.
Puede haber llegado por:
- La marca del estudio.
- Su ubicación.
- Redes sociales.
- Publicidad.
- Recomendaciones.
- Página web.
- Walk-in.
- Una consulta directa.
Después el estudio asigna ese trabajo al profesional más adecuado.
Ese cliente representa capacidad comercial del propio estudio.
¿Por qué importa diferenciarlos?
Porque te permite saber quién está generando realmente el trabajo.
Imagina dos estudios con 100 citas mensuales.
En uno, 80 clientes pertenecen a las agendas particulares de los tatuadores.
En otro, 80 han sido generados directamente por el estudio.
Ambos tienen 100 citas.
Pero no tienen el mismo negocio.
También afecta a las comisiones
El origen del cliente puede formar parte del modelo económico entre estudio y profesional.
No necesariamente tiene que existir la misma comisión cuando el tatuador aporta el trabajo que cuando el estudio ha invertido tiempo y recursos en conseguir ese cliente.
Para analizarlo correctamente necesitas registrar el origen desde el principio.
¿Qué ocurre si mañana se marcha un tatuador?
Esta pregunta puede revelar mucho.
Si un profesional abandona el estudio y con él desaparece una parte importante de los clientes, quizá el negocio dependía más de ese tatuador de lo que parecía.
Un estudio fuerte debería ser capaz de generar también demanda propia.
No para competir con sus profesionales.
Para construir una marca que tenga valor por sí misma.
No se trata de decidir quién aporta más
Se trata de entender cómo funciona realmente el negocio.
Los profesionales pueden aportar clientes.
El estudio puede aportar clientes a los profesionales.
Y ambas cosas tienen valor.
Lo importante es poder medirlas.

