Te miras el piercing y aparece una pequeña bolita.
Primera reacción: “Me ha salido un queloide.”
No necesariamente.
Un bulto alrededor de un piercing puede aparecer por diferentes motivos y tratarlo sin saber qué está ocurriendo puede empeorar el problema.
No todo bulto es un queloide
La palabra queloide se utiliza demasiado.
Un queloide es un crecimiento anormal de tejido cicatricial que puede extenderse más allá de la herida original.
Pero alrededor de un piercing también pueden aparecer irritaciones, inflamación, granulomas u otros cambios del tejido.
¿Por qué puede aparecer?
Entre las posibles causas están:
- Presión o golpes.
- Dormir sobre el piercing.
- Manipularlo demasiado.
- Una joya con tamaño o forma inadecuados.
- Problemas con el material.
- Limpieza excesiva o productos irritantes.
- Movimiento y fricción continuos.
A veces el problema no está en “cómo curas” el piercing, sino en algo que continúa irritándolo todos los días.
Lo que no deberías hacer
Evita experimentar con cualquier remedio que encuentres en internet.
Alcohol, agua oxigenada, productos agresivos, pomadas sin indicación o una limpieza excesiva pueden irritar todavía más el tejido.
Tampoco deberías cambiar o retirar la joya por tu cuenta si existe un problema durante la cicatrización.
¿Y si está infectado?
Un bulto tampoco significa automáticamente infección.
Pero si aparecen dolor o hinchazón que aumentan, calor intenso, pus, enrojecimiento importante o malestar general, conviene buscar valoración sanitaria.
Una infección necesita atención adecuada, no remedios caseros.
Primero descubre la causa
Antes de intentar eliminar el bulto, intenta entender por qué apareció.
Un piercer profesional puede revisar la colocación, la joya, el tamaño y posibles fuentes de irritación.
Y si existen signos que hagan sospechar una infección u otro problema médico, corresponde consultar a un profesional sanitario.

