Tatuarte durante horas mientras duermes y despertarte con una gran pieza terminada suena tentador.
La utilización de anestesia para sesiones de tatuaje largas existe y está generando debate dentro del sector.
Pero conviene separar dos cosas: evitar el dolor de un tatuaje y someter al cuerpo a un procedimiento anestésico son decisiones completamente diferentes.
¿Por qué se está utilizando?
La principal ventaja es evidente.
Una persona anestesiada no experimenta el dolor de la sesión y puede permanecer inmóvil durante trabajos largos. Esto puede permitir realizar proyectos complejos en menos sesiones.
Para determinados clientes y proyectos puede resultar atractivo.
Pero que algo sea posible no significa que sea una decisión trivial.
La anestesia general no es parte del tatuaje
La anestesia general es un procedimiento médico.
Puede afectar a la respiración, la frecuencia cardiaca y otras funciones del organismo, y existen complicaciones potenciales, algunas graves.
Por eso requiere profesionales cualificados, evaluación médica, monitorización y un entorno preparado para responder ante una emergencia.
No debería tratarse como un servicio adicional del estudio comparable a utilizar una crema anestésica.
¿Compensa asumir ese riesgo para evitar el dolor?
Aquí empieza el debate.
Quien defiende esta práctica puede argumentar:
- Ausencia de dolor durante la sesión.
- Mayor inmovilidad.
- Posibilidad de avanzar grandes proyectos.
- Menos sesiones para determinadas piezas.
Quien mantiene una posición crítica plantea otra pregunta:
No existe una respuesta universal.
Pero el cliente debería comprender que no está decidiendo únicamente cómo quiere tatuarse. También está aceptando los riesgos propios de una anestesia.
También cambia la forma de trabajar
Una sesión extremadamente larga no afecta únicamente al cliente.
El tatuador sigue trabajando durante muchas horas.
Aparecen factores como:
- Fatiga.
- Concentración.
- Cantidad de piel trabajada.
- Inflamación.
- Organización del equipo.
- Duración total del procedimiento.
Eliminar el dolor del cliente no elimina automáticamente los límites del proceso.
Ni demonizarla ni normalizarla
La anestesia moderna puede administrarse con un alto nivel de seguridad cuando existen profesionales cualificados, evaluación previa, monitorización y medios adecuados.
Pero segura no significa libre de riesgo.
Si alguien está considerando anestesia para realizarse un tatuaje, la valoración de su seguridad corresponde al profesional médico responsable de la anestesia, no al tatuador.
El debate dentro del sector probablemente continuará.
Y quizá la pregunta más interesante no sea si podemos tatuar a alguien dormido durante muchas horas.
Es otra:

